7 cosas que no sabes sobre la vida de un emprendedor

1. Las personas mienten.
En efecto, bienvenidos al planeta realidad del día a día. Si bien no siempre es de forma consciente o con una mala intención, como emprendedor prepárate a que te mientan en la cara con una sonrisa. La mentira no será siempre evidente y te vendrá por frases típicas como:
Te llamaré
Interesante
Desde luego, estamos en contacto
 Es parte del juego y no hay que tomárselo como algo personal, tan solo ocurre. Si acudes a eventos de networking, intercambiarás tarjetas de visita, quedarás con personas y tras unos meses descubrirás que la promesa de llamar o quedar no se ha cumplido,  o bien que quién te dijo que sin duda tus servicios le interesaban no da señales de vida.
Por supuesto no quiere decir que todo el mundo a tu alrededor te mienta, solo que tengas en cuenta que no siempre hay que tomarse ciertas promesas de forma literal y no decepcionarse, tan solo es negocio y, tal vez en la próxima ocasión seas tú quién mienta sin darte cuenta.
2. Las tarjetas de visita desaparecen misteriosamente en el momento más inoportuno.
Antes que nada, decir que no soy partidario de la manía-obsesiva con las tarjetas de visita y prefiero conocer a la persona que tengo enfrente antes que ir a la “caza” de las tarjetas de visita. Me gusta conocer a la persona y no al “cargo” que figura en ese trozo de papel, por muy rimbombante que parezca. Curiosamente, este tema de la importancia de las tarjetas varía según países y culturas…
Por otro lado, muchas veces las tarjetas terminan en la papelera una vez pasamos el contacto a nuestra base de datos , sea el que sea el sistema que utilizamos. No obstante, según el momento y el lugar, una tarjeta de visita es todavía esencial para establecer contacto, que se acuerden de nosotros o simplemente intercambiar datos ya que no todo el mundo utiliza sistemas electrónicos de intercambio de datos.
Una regla de oro de las tarjetas de visita: “Lleva tarjetas de visita por todas partes!!”
Yo las suelo repartir por diferentes camisas, chaquetas, bolsos, bolsas, maletas, maletines, guanteras, carteras, portatarjetas y portafolios. De esta manera me aseguro no quedarme sin tarjetas en el peor momento…Por supuesto, depende de la buena memoria de cada uno y lo desastre u organizado que sea…
Segunda regla de oro: verifica cuántas tarjetas te quedan, especialmente después de un evento donde hayas repartido muchas y recuerda dar la orden de re-impresión antes de que te quedes en números críticos. Te prometo que la Ley de Murphy se cumple y justo el día que te surge un evento de networking esencial o una oportunidad de contactar con prospectos de calidad y realmente potenciales clientes…entonces te das cuenta que solo te quedan cinco tarjetas en el bolsillo y por más que buscas como loco por toda la casa, el coche y cada parte de tu ropa…a lo sumo encuentras cinco más que tratas de repente como si fuera oro y, en realidad, no te sacan del problema.
3.  No saber utilizar tu teléfono y sus funciones puede costarte clientes.
Aprende a utilizar tu teléfono. Si, lo digo en serio. En ocasiones, te encontrarás con que bien a ti o a otra persona con quién te interesa estar en contacto se os han olvidado o terminado las tarjetas de visita. Lo normal es apuntar los datos en el teléfono o enviar los datos por algún programa que tengas en el móvil. Sin embargo, no será la primera vez que nos atascamos con el móvil y te garantizo que cuando tienes apenas unos segundos o bien la persona tiene prisa…no es lo más recomendable.
4. Es más fácil gestionar los números rojos que ir a un evento de networking y hablar con otras personas.
3 reglas de oro para tener éxito en un evento de networking:
 Interésate por la otra persona. La idea es que te intereses verdaderamente por la otra persona, qué le ha hecho venir al evento, a qué se dedica, su proyecto quién es, qué es importante para ella.
Escucha. No necesitas hablar ni contar chistes, tan solo escucha. A las personas nos encanta que nos den la oportunidad de hablar, de contar nuestra historia, nuestro proyecto..vale, de acuerdo…a casi todas !
Ofrece antes de pedir. Pregunta a la otra persona qué es importante para ella o bien cómo podrías ayudarla o bien pide que te explique sus necesidades para ver si puedes serle de ayuda o ponerle en contacto con alguien.
Y si todo lo anterior te resulta complicado…tan solo acércate a alguien y saluda: Hola, me llamo xxxxxx ¿ cómo estás?
Opcionalmente…añade una amplia sonrisa, espalda recta, un saludo firme y habrás entrado en el juego.
 5. Las orejas no escuchan por muy limpias que las tengas.
Saber hablar y comunicar es fantástico…tan sólo recuerda que también es importante saber callar y escuchar. Es la única forma de aprender y detectar oportunidades.
El silencio es incómodo para un gran número de personas, mejor acostúmbrate a que no es malo y no hay obligación de rellenar el silencio con historias o pensamientos o chistes malos.
En caso de duda, haz una pregunta a tu interlocutor pero hazla con un mínimo sentido porque a veces hacemos cada pregunta que…
Eso si, si tras una hora de hacer preguntas no te hacen ni caso, considera que ni les interesas ni tampoco te interesa a ti relacionarte con personas así!
  6. Las cosas salen mejor si  tomas la iniciativa.
Has quedado con alguien en que te llamaría y no te llama  a la hora convenida? Tal vez adelantarías más si tomas la iniciativa y le llamas. Y lo mismo se aplica para cuadrar una reunión. Es habitual escuchar “nos llamamos y cerramos cita” , pues no, es mejor si tomas la iniciativa, envías una propuesta con dos fechas y horas distintas y así te aseguras de tener la reunión.
 7. Sin un propósito para cada acción no tiene demasiado sentido seguir hablando.
El ejemplo tonto es en el evento de networking dónde le preguntas a alguien cuál es su interés por el evento o qué le ha hecho venir y responde que no lo sabe.
Tener un propósito de lo que hacemos, sea una empresa, una estrategia o ir a un evento marca la diferencia entre mostrar seguridad y confianza y espantar hasta los fantasmas.
Hasta aquí, un resumen lecciones aprendidas mediante experiencias -basadas en hechos reales- que como ves, tan solo se basan en aplicar un poco de sentido común.

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